Siempre hubo cajas que esconden demasiadas tormentas.
Palabras a medio gas.
Suspiros.
Decadencia.
Y volver a dejar a Pandora en su lugar.
Y de nuevo contar con el siempre, y con lo efímero, con los cambios de ritmo, y de sentido, con las idas y venidas, con la imprevisibilidad del ser, o la mutabilidad del todo. El desarraigo no está latente, sino carente de él sentimos. Somos contingentes y aun no nos hemos dado cuenta de ello. Adoramos lo necesario, y veneramos la pasión que infunde realidad a lo irreal vivido.
Jamás podremos volar solos. Libres.
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