retazos de esquinas semitransparentes

sábado, 20 de junio de 2009

Siempre hubo cajas que esconden demasiadas tormentas.


Palabras a medio gas.

Suspiros.

Decadencia.


Y volver a dejar a Pandora en su lugar.


Y de nuevo contar con el siempre, y con lo efímero, con los cambios de ritmo, y de sentido, con las idas y venidas, con la imprevisibilidad del ser, o la mutabilidad del todo. El desarraigo no está latente, sino carente de él sentimos. Somos contingentes y aun no nos hemos dado cuenta de ello. Adoramos lo necesario, y veneramos la pasión que infunde realidad a lo irreal vivido.
Jamás podremos volar solos. Libres.

martes, 16 de junio de 2009

El hombre de arena...

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Me siento aqui, conmovida, intentando contar, contaros, el amor que mi ser alberga, no encuentro las palabras adecuadas, los términos correctos, nada que defina la plenitud que me invade.

Cómo explicarte que mi sentimiento es la melancolía, qué mi mundo es gris, pero que las fotos en blanco y negro siempre fueron las más bonitas, que rió, canto, amo y vivo, pero siempre lo hago con un deje de tristeza, de amor, de belleza.

Que la felicidad no es otra cosa que el tenue dolor que nos produce amar, que la suave melancolía que nos susurra esperanza en la oscuridad...

When the sun goes down

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La aventura transcurrió por zonas selváticas, inhabitadas, vírgenes. LLegamos alli con tan solo una cámara fotográfica como arma. Apenas recuerdo ya qué pasó, ni como se precipitaron los hechos. Sólo se que la roca estaba delante nuestra, imponente, oculta por un sin fin de plantas. El amino hacia ella era ardúo, varios e imprevisibles barrancos nos separaban de ella, pero ayudados por un cómico paraguas negro pudimos llegar sin caer o tropezar.

Subimos a ella, el aire azotó nuestra cara. Éramos reyes, colonizadores, esa pequeña porción de terreno nos pertenecía. When the sun goes down resonaba en nuestros oídos, y en honor a la excitación hacia la que nos elevaba la canción nombramos así la roca que habíamos conquistado.

Tras ellos nos dispusimos a explorar uestro nuevo reino. Una valle de flores lilas se distinguía entre la sofocante selva. Saltarines y simpáticos conejos correteaban por doquier. Y el río nos circundaba.

La noche fue cayendo. Las luces de la ciudad golpearon nuestro mundo llevándonos inevitablemente a la realidad. Todo se había acabado, salimos al camino y nos fuimos, cada uno dispuesto a olvidar aquella aventura urbana, pero para mi esa roca siempre será WHEN THE SUN GOES DOWN.

Los Puentes de Madison

Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida.

Hay tanta belleza.