retazos de esquinas semitransparentes

viernes, 17 de agosto de 2012

Domingos


Antes yo no sabía quien era, ella tampoco se conocía.
Jugamos a descubrirnos, como si nada impuro pudiese entretejernos.


Puro, detesto esa palabra. Fronteras limitadas. 
Puro, dicen que real, que infantil, que inocente, acabado y sin pervertir. Sin evolución. Desde que nacemos tendemos hacia la impureza de manera irrefrenable. Casi parece un designio divino, cuasi bíblico.
No hay salida. 
Amparándonos en ello nos excusamos, justificamos nuestros crímenes y devaneos. Necesitamos un concepto tal que puro, del que extraigamos las mismas consecuencias que de este, las misma derivaciones. Porque si no estaremos arrojados a la corrupción.

Aún necesitamos de la fe.

Hay algo, hay culminación y conquista, pero sin el concepto adecuado no podremos evocarlo, ni reclamarlo, no se concreta la idea. Quiero designar algo y no me enseñaron como hacerlo. Ahora entiendo el cuento del dragón y el hombre, para vencer al dragón solo debía saber como se llamaba. 
Si no hay nombre, concepto, no puedes enfrentarte a ello.

La tendencia debe ser hacia lo puro, bello y bueno. No debería tener sentido de otro modo.




Viajando con Pablo.