retazos de esquinas semitransparentes

viernes, 6 de enero de 2012

Sabor


Hace sol.
Demasiado sol.

Adoro esta maldita sensación. Morder, y que mi boca se inunde de tan apetitoso manjar. Tal día como hoy, recostada en mi hamaca, devoro sangre. Que mejor manera de soportar el hastío de este verano.
Anoche salí, bebí demasiado, y al despertar mi lengua me exigía jugoso zumo rojo. Escupir los despojos que no quería. No imaginaba mayor placer.
Ha sido desde mi infancia, cada verano esperaba con fervor las tardes en las que tras recoger alguna sandía, me detenía a engullirlas allí mismo . La boca, roja y pegajosa, al igual que los dedos.
El bochorno se disipaba a menudo que comíamos. Un pasaje de vuelta del infierno. Un otoño momentáneo en mitad de un angustioso agosto.
Disfrutaba pensando que era sangre. Quizás síntomas prematuros de lo que sería una arrebata vidas cualquiera. Sentir a Dios entre mis dedos. Siendo Dios en mi paladar. Urdiendo mi propio paraíso.

Hace años que perdí la noción de la realidad. Corrupto. Ajeno. Desconozco los actos que mi cuerpo lleva a cabo, puede que no supiera soportarlos más. Quizás prefiera pensar que es tan sólo sandía.

Ojalá no fuese sangre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario