Suelo. Imperecedero bajo mis dedos. Rugoso, insano. Regado por la sandre de mis pies.
(...)
El calor me lanza de nuevo a la vida, permanezco inmovil hasta que noto que él se marcha y me quedo sola. Estoy desconcertada, intento poco a poco levantarme. Los recuerdos tardan en abordar mi cabeza y, cuando ocurre, un grito ahogado devora mi almohada.
No hay tiempo. Reconozco mi cuerpo palmo a palmo. Mis pies están curados, pero mi torso, mis muslos, mi cuello, están plagados de nuevas cicatrices, pese a ello, he cogido algo más de peso. Deben haber pasado muchas semanas, mi carne luce horrible, maltratada. Nadie salvo yo tiene derecho a lastimarlo.
Lastimarme...las palabras han perdido todo el sentido para mi, o tal vez lo estén recobrando por primera vez. Lastimarme.
Oigo el ruido de un motor, ha vuelto.
Sí, ese cuchillo me servirá.
Y agradezco cada gota de sangre que derramo, cada grito de dolor que se desprende de él. La vida corre por mis venas. La ira. Solo yo puedo acabar conmigo. Gimo cada vez que hinco la hoja del cuchillo en su carne. Un orgasmo recorre mi cuerpo, el líquido rojo, caliente sobre mi piel, me lleva al éxtasis.
Vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario